Eran las cuatro de la tarde, el cielo se empezaba a opacar, tomaba una tonalidad gris y hacía un frío de otoño. Ahí se encontraba Carla, deambulando por las calles sin rumbo fijo; abrumada por la idea de que estaría sola por un largo tiempo, aburrida del amor, aburrida y cansada, decepcionada de la frase para siempre. Acababa de terminar con Luis, "el amor de su vida" que hacían tres días de haber cumplido los ocho años juntos. Con lagrimas en sus ojos achinados se preguntaba una y otra vez- ¿Por qué?. Luis nunca le dio una excusa, ni motivo, ni alguna insignificante explicación del porque de su fin... Simplemente se acabó.
Por la acera seguía caminando sin frenar en alguna vitrina, pensando en que hacer, en que decir, en que buscar, y sin encontrar solución a su problema. En una esquina frena porque tuvo el presentimiento de que venia alguien del otro lado de la acera, en efecto, era una muchacha, que -con la mirada perdida- sonreía; sus ojos llorosos la delataban totalmente, trataba de ocultar un sentimiento doloroso, pero aún así, con la cara y mirada en alto.
La chica se detuvo al igual que Carla y se miraron fijamente; Carla con una mirada de extrañes, y la chica con una mirada de esperanza, como queriendo demostrarle algo, decirle algo. Continuaron mirándose por unos segundos mas, y sin mas, se separaron, siguiendo cada una el camino que había tomado. Finalmente Carla ya había encontrado un lugar a donde ir, su casa, a contarle a su diario lo que había pasado. Esa noche no durmió, su mente se había quedado completamente en blanco, solo pensaba en el momento de esa tarde, colapsada de preguntas amaneció tomando café y escribiendo versos.
Eran las tres de la tarde y todavía despierta, decide salir a comprar leche para su merienda. Caminando por la acera del día anterior, se recuerda de la chica con una sonrisa picara en el rostro, decide ignorar el pensamiento y continuar. Entra al abastecimiento, y por el área de frutas y verduras, al lado del estante de fresas se encuentra con la muchacha atormentada, le lanzó una mirada y la retiró enseguida; inmediatamente su corazón empezó a latir muy fuerte, su respiración se aceleraba cada vez mas y su pulso la traicionaba. Buscó la leche, la pagó y se marchó. Cuando va por la acera camino a su casa, acelerando el paso por el efecto de los nervios, se oye una frase a gritos: - ¡ESPERA, ESPERAAA!. Carla se detiene asustada y voltea, de repente sale una sonrisa extraña de su cara y con millones de emociones encima, le pregunta:
- ¿Es conmigo?.
- ¡Si, es contigo!, quería preguntarte algo.- Le dijo mientras caminaba hacia Carla.
- ¡Dime!.- Tocándola con una mirada que a la otra muchacha le causaría intimidad.
- ¿Eres tú la chica que me encontré ayer en la acera?.
Carla emocionada le contesta sin pensar: -¡Si!, ¿por qué?.
- Se que no es mi problema pero, ¿por qué estabas llorando?.
- Problemas nada más.- Le contestó.
- ¿Qué clase de problemas?, soy psicóloga y posiblemente te pueda ayudar, podemos ir a mi consultorio si quieres.
Carla sorprendida y algo ofendida le responde. -No te estoy pidiendo ayuda, porque no la necesito, además no te conozco.- A Carla no le gustaba que las personas se metieran en sus problemas personales, y mucho menos, desconocidos.
-Bueno está bien, y mi nombre es Luna. Disculpa por ofenderte, no fue mi intención. Hasta luego.
Finaliza la conversación y Carla se va en estado de shock. De manera drástica, empiezan a cruzarse millones de variantes en su mente. -¡Se llama Luna, que hermoso nombre! y ¡que hermosa es ella!, tiene los ojos totalmente negros, pero ¿por qué quería ayudarme?, ¿será que ella pensó en mi como yo pensé en ella?, me habría detallado muy bien, porque en sí yo no estaba llorando de una forma notable, de hecho, no estaba llorando. ¡Que imbécil soy!, hubiese tenido mucho más tiempo para hablar con ella, necesito encontrarla. Ella debe vivir por ahí, porque es la segunda vez que la veo por ese sector.-
Sigue caminando sin parar, llega a casa y se encuentra en la puerta a Luis sonriente:
-¡Llegaste!, tengo que hablar contigo.
- ¿¡Qué se supone que haces aquí!?.- Dice Carla con ganas de asesinarlo.
- Pues, quería disculparme, y también decirte que me equivoqué. Estos días te he estado pensando y llegué a la conclusión de que te quiero en mi vida de nuevo.
- Eres muy extraño de verdad, ¿¡CÓMO SE SUPONE QUE VOY A VOLVER CONTIGO!?. Soy lenta pero no estúpida. No volveré tropezar con la misma piedra. Así que vete, aquí no eres bienvenido.
Luis con lágrimas en los ojos, sube al ascensor y se marcha; Carla enseguida toma una botella de vino, se deleita con una copa y coloca una de las famosas operas de Mozart "La finta semplice", que significa, "La falsa ingenua", le siguía "Così fan tutte", que quiere decir, "Así hacen todas". Se tira en el mueble, y cae en un llanto profundo, tanto lloró que se quedó dormida. Se despertó a la media noche pensando en el glorioso rostro de Luna, tomó un carboncillo, una hoja y dibujó el rostro de la chica, con la esperanza de volverla a ver algún día. Irónicamente terminó su día dibujando a Luna bajo luz de la luna...

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