En el camino al museo comienza a imaginarse muchos escenarios,- ¿Y si llega Luna?, o está Luis?, y si en el momento que yo llegue están ambos?, ¿Qué voy a hacer si Luna me habla?, necesito ignorar a Luis.- Carla no sabía que hacer, estaba totalmente nerviosa por ambas situaciones, porque ella amaba a Luis, pero sentía cierta atracción por Luna. Llega al lugar y tocaba el momento de bajarse del auto y entrar al sitio, se baja, muestra el pase de cortesía y se incorpora.
Inmediatamente que entra, gira la cabeza mirando para todos lados, buscando a la muchacha o a ver si tenía la mala suerte de encontrarse con el imbécil de Luis, pero no vio nada, hasta los momentos. Cuando cruza por el área de "Rostros Barrocos", las esperanzas que tenía se le cayeron, ve a Luna de espalda con otra mujer, tomadas de la mano, escuchando la explicación de una obra. En ese momento Clara sintió un paro, todo se vino a abajo, sus emociones, sus ilusiones, todo... Ella fue con la idea de encontrarse con Luna y conocerla a fondo, pero no fue así. Se retira del área, deprimida y sin ánimos de nada, y de repente ve una pintura que atrapó su atención en segundos, en ese momento eran solo la obra y ella...
-Impresionante y cautivador ¿no?.
Carla se voltea, y era Luna susurrándole al oído. Sonríe y le responde: -¡Si!, toma mi mirada y mi ser y lo transporta a otro lugar, pone a mi mente a volar.-
-Jajaja, si, es hermosa. Dice Luna mirándola con una sonrisa de lado.
Carla le responde con una sonrisa y le pregunta: -Y... ¿Cómo estás?.-
-Bien, acompañando a mi sobrina a ver estas cosas, no me llamaban la atención, pero ahora si. Y tú como estás?.-
Carla inmediatamente se emociona como nunca, su sistema nervioso empezó a alterarse y le responde:
-¡Muy bien!, de hecho, ¡mejor que nunca!. Yo te vi al llegar tomándola de la mano, pensé que era tu pareja.- Diciéndole con la intención de saber si Luna sentía atracción por su mismo sexo.
-Para nada, es solo mi sobrina, pero es preciosa, ¿verdad?.-
Carla se entusiasma aún más y suspirando le dice: -Si, muy bella la verdad.- mientras veía a los ojos a Luna.
La chica se despide, y Carla la mira a las espaldas mientras se va.
Carla sigue viendo la obra mientras piensa en Luna y sus ojos sensuales, la vio durante mucho más tiempo, y la compró, tuvo que mover cielo y tierra hasta convencer al dueño del museo para comprarla. Cuando se está yendo del establecimiento un joven en la entrada le dice: -¡Hola señorita, disculpe!. Carla apurada le contesta: -Dime rápido, ya viene mi taxi.-, -Solo quería darle una información, la señorita Luna le dejó su número, a ver si es de su interés-. Carla se sorprende y sin dudar toma la tarjeta, -¡Muchas gracias!-, y se marcha. Apresurando al taxista en llegar a casa, toma el ascensor, abre la puerta, pone el cuadro a un lado y llama a Luna.
-¿Aló?-. Contesta Luna.
-Hola Luna, es Carla, la chica del museo. El joven en la puerta me dio tu numero y quisiera saber el porqué.
-¡Que seria jaja!, si, porque quizás algún día nos podamos tomar un café, ir a un restaurante o abastecer nuestras papilas con un vino francés.-
-Me parece perfecto, ¿te agradaría mañana o hoy mismo?.-
-Hoy estaría bien, ¿pero en tu casa o en la mía?.-
-En tu casa, la mía está destrozada.
-¡Okey, está bien!, la dirección está en la tarjeta que te dieron, te espero. Hasta entonces.-, y le cuelga.
Carla inmediatamente fue a darse un baño, tomó algo de dinero y se va. Llega a la casa, toca la puerta y Luna enseguida le pide a Carla que se relaje y se sientan en el sofá a tomar. Después de unas horas de ebriedad, en el reproductor musical suena "La Flaca" de Jarabe de Palo, y empiezan a bailar al son de la música, con movimientos sensuales y risas algo picaronas. Madrugaron entre carcajadas y sonrisas.
Y así pasaron los días, Carla y Luna, Luna y Carla. Iban a todos los sitios juntas, sin importar la habladuría de las personas. Compartieron muchas cosas; viajes, eventos, festividades, recitales, todo juntas...
Eran ya seis semanas que salían, pero hubo una semana en la que Luna no se hizo presencia en la vida de Carla. Estuvo toda la semana cuestionándose a sí misma,- ¿Dónde está? y con quién?, quizás ya no le agrado. ¡Si!, eso debe ser!, ya no le gusto, ya no la satisfago, ¡claro!, es mas que lógico.-
Carla estuvo toda la semana entristecida, sin salir, pasaba los días mirando el retrato a carboncillo. Recordando los días, que para ella, eran los momentos más felices de su vida. Pasaron tres semanas y todavía sin señales; con el clima helado, decide ir al apartamento de Luna por enésima vez en la semana, y ve un camión de mudanzas, que bajan sin detenerse, una inmobiliaria completa; camas, lámparas, cuadros, televisóres, en fin completa... Sin dudar le pregunta al encargado:
-¡Hola!, disculpe, me puede decir ¿dónde se encuentra la señorita que vive aquí?.-
-¿La señorita Luna?.-
-¡SI!, ¿Sabe dónde está?.-
-Ella se mudó hace dos semanas joven, pregúntele a los vecinos a ver si saben algo de ella.- Rápido se fue a tomar el ascensor, y como no se apuraba salió corriendo por las escaleras a hablar con la conserje. Cuando llegó a planta baja se la consigue en la puerta del edificio:
-¡HEY ESPERE!. Necesito preguntarle una cosa muy importante!.-
-Dígame señorita.-
-¿Dónde está Luna?.-
-¡Ah!, es usted la señorita Carla?.-
-¡Siiii!, ¿Por qué?, ¿dónde está ella?.-
-¡Ay joven!, la muchacha se mudó de su apartamento, se fue a la capital pero le dejó una carta, ahora mismo la busco.-
Carla impaciente, entra con la conserje a donde está guardada la carta y se la quita de las manos rápidamente.
-La joven Luna me dejó a cargo de decirle que la abra cuando usted esté en su casa.-
-Okey, está bien señora. ¡Muchas gracias de verdad!.
Carla llega a su apartamento, con los nervios en punta que le carcomen las entrañas, logra abrir la carta que decía:
Amada Carla.
"Me entristece tener que separarme de ti de esta manera. Sé que debes
estar más que molesta, deprimida, pero la razón es la siguiente:
Estoy enferma, no querrás saber de qué, pero para evitar que vengas
te diré, tengo cáncer de páncreas y está avanzado cada vez
más, me dieron cinco semanas de vida, quiero que
sepas, que eres la persona más maravillosa y fascinante que
he conocido. Sin más que decir, te amo."
De manera impresionante, Carla tomó la carta y la quemó. No dijo una sola palabra, sólo una tras otra lágrima, bordeando la silueta de su rostro, que hablaban por si solas... Diciendo a gritos que todo se había terminado. Y fue y es así como Carla termina cada día, mirando el rostro de Luna mientras la soledad la arropa con su frío y áspero manto.


