domingo, 29 de julio de 2012

Magia y deseo. Segunda Parte.

Al día siguiente Carla se levanta a las una de la tarde, con resaca, y ve el retrato a carboncillo de Luna, sonríe y va a la cocina para hacer algo de comer; se baña y se arregla para ir a una exposición de arte barroco, toma un taxi y se va al museo.

En el camino al museo comienza a imaginarse muchos escenarios,- ¿Y si llega Luna?, o está Luis?, y si en el momento que yo llegue están ambos?, ¿Qué voy a hacer si Luna me habla?, necesito ignorar a Luis.- Carla no sabía que hacer, estaba totalmente nerviosa por ambas situaciones, porque ella amaba a Luis, pero sentía cierta atracción por Luna. Llega al lugar y tocaba el momento de bajarse del auto y entrar al sitio, se baja, muestra el pase de cortesía y se incorpora.

Inmediatamente que entra, gira la cabeza mirando para todos lados, buscando a la muchacha o a ver si tenía la mala suerte de encontrarse con el imbécil de Luis, pero no vio nada, hasta los momentos. Cuando cruza por el área de "Rostros Barrocos", las esperanzas que tenía se le cayeron, ve a Luna de espalda con otra mujer, tomadas de la mano, escuchando la explicación de una obra. En ese momento Clara sintió un paro, todo se vino a abajo, sus emociones, sus ilusiones, todo... Ella fue con la idea de encontrarse con Luna y conocerla a fondo, pero no fue así. Se retira del área, deprimida y sin ánimos de nada, y de repente ve una pintura que atrapó su atención en segundos, en ese momento eran solo la obra y ella...





-Impresionante y cautivador ¿no?.
Carla se voltea, y era Luna susurrándole al oído. Sonríe y le responde: -¡Si!, toma mi mirada y mi ser y lo transporta a otro lugar, pone a mi mente a volar.-
-Jajaja, si, es hermosa. Dice Luna mirándola con una sonrisa de lado.
Carla le responde con una sonrisa y le pregunta: -Y... ¿Cómo estás?.-
-Bien, acompañando a mi sobrina a ver estas cosas, no me llamaban la atención, pero ahora si. Y tú como estás?.-
Carla inmediatamente se emociona como nunca, su sistema nervioso empezó a alterarse y le responde:
-¡Muy bien!, de hecho, ¡mejor que nunca!. Yo te vi al llegar tomándola de la mano, pensé que era tu pareja.- Diciéndole con la intención de saber si Luna sentía atracción por su mismo sexo.
-Para nada, es solo mi sobrina, pero es preciosa, ¿verdad?.-
Carla se entusiasma aún más y suspirando le dice: -Si, muy bella la verdad.- mientras veía a los ojos a Luna.
La chica se despide, y Carla la mira a las espaldas mientras se va.

Carla sigue viendo la obra mientras piensa en Luna y sus ojos sensuales, la vio durante mucho más tiempo, y la compró, tuvo que mover cielo y tierra hasta convencer al dueño del museo para comprarla. Cuando se está yendo del establecimiento un joven en la entrada le dice: -¡Hola señorita, disculpe!. Carla apurada le contesta: -Dime rápido, ya viene mi taxi.-, -Solo quería darle una información, la señorita Luna le dejó su número, a ver si es de su interés-. Carla se sorprende y sin dudar toma la tarjeta, -¡Muchas gracias!-, y se marcha. Apresurando al taxista en llegar a casa, toma el ascensor, abre la puerta, pone el cuadro a un lado y llama a Luna.

-¿Aló?-. Contesta Luna.
-Hola Luna, es Carla, la chica del museo. El joven en la puerta me dio tu numero y quisiera saber el porqué.
-¡Que seria jaja!, si, porque quizás algún día nos podamos tomar un café, ir a un restaurante o abastecer nuestras papilas con un vino francés.-
-Me parece perfecto, ¿te agradaría mañana o hoy mismo?.-
-Hoy estaría bien, ¿pero en tu casa o en la mía?.-
-En tu casa, la mía está destrozada.
-¡Okey, está bien!, la dirección está en la tarjeta que te dieron, te espero. Hasta entonces.-, y le cuelga.

Carla inmediatamente fue a darse un baño, tomó algo de dinero y se va. Llega a la casa, toca la puerta y Luna enseguida le pide a Carla que se relaje y se sientan en el sofá a tomar. Después de unas horas de ebriedad, en el reproductor musical suena "La Flaca" de Jarabe de Palo, y empiezan a bailar al son de la música, con movimientos sensuales y risas algo picaronas. Madrugaron entre carcajadas y sonrisas.

Y así pasaron los días, Carla y Luna, Luna y Carla. Iban a todos los sitios juntas, sin importar la habladuría de las personas. Compartieron muchas cosas; viajes, eventos, festividades, recitales, todo juntas...
Eran ya seis semanas que salían, pero hubo una semana en la que Luna no se hizo presencia en la vida de Carla. Estuvo toda la semana cuestionándose a sí misma,- ¿Dónde está? y con quién?, quizás ya no le agrado. ¡Si!, eso debe ser!, ya no le gusto, ya no la satisfago, ¡claro!, es mas que lógico.-

Carla estuvo toda la semana entristecida, sin salir, pasaba los días mirando el retrato a carboncillo. Recordando los días, que para ella, eran los momentos más felices de su vida. Pasaron tres semanas y todavía sin señales; con el clima helado, decide ir al apartamento de Luna por enésima vez en la semana, y ve un camión de mudanzas, que bajan sin detenerse, una inmobiliaria completa; camas, lámparas, cuadros, televisóres, en fin completa... Sin dudar le pregunta al encargado: 
-¡Hola!, disculpe, me puede decir ¿dónde se encuentra la señorita que vive aquí?.-
-¿La señorita Luna?.-
-¡SI!, ¿Sabe dónde está?.-
-Ella se mudó hace dos semanas joven, pregúntele a los vecinos a ver si saben algo de ella.- Rápido se fue a tomar el ascensor, y como no se apuraba salió corriendo por las escaleras a hablar con la conserje. Cuando llegó a planta baja se la consigue en la puerta del edificio:
-¡HEY ESPERE!. Necesito preguntarle una cosa muy importante!.-
-Dígame señorita.-
-¿Dónde está Luna?.-
-¡Ah!, es usted la señorita Carla?.-
-¡Siiii!, ¿Por qué?, ¿dónde está ella?.-
-¡Ay joven!, la muchacha se mudó de su apartamento, se fue a la capital pero le dejó una carta, ahora mismo la busco.-
Carla impaciente, entra con la conserje a donde está guardada la carta y se la quita de las manos rápidamente.
-La joven Luna me dejó a cargo de decirle que la abra cuando usted esté en su casa.-
-Okey, está bien señora. ¡Muchas gracias de verdad!.

Carla llega a su apartamento, con los nervios en punta que le carcomen las entrañas, logra abrir la carta que decía:

Amada Carla.

"Me entristece tener que separarme de ti de esta manera. Sé que debes 
estar más que molesta, deprimida, pero la razón es la siguiente:
Estoy enferma, no querrás saber de qué, pero para evitar que vengas
te diré, tengo cáncer de páncreas y está avanzado cada vez
más, me dieron cinco semanas de vida, quiero que
sepas, que eres la persona más maravillosa y fascinante que
he conocido. Sin más que decir, te amo."

De manera impresionante, Carla tomó la carta y la quemó. No dijo una sola palabra, sólo una tras otra lágrima, bordeando la silueta de su rostro, que hablaban por si solas... Diciendo a gritos que todo se había terminado. Y fue y es así como Carla termina cada día, mirando el rostro de Luna mientras la soledad la arropa con su frío y áspero manto.


Magia y deseo. Primera parte.

Eran las cuatro de la tarde, el cielo se empezaba a opacar,  tomaba una tonalidad gris y hacía un frío de otoño. Ahí se encontraba Carla, deambulando por las calles sin rumbo fijo; abrumada por la idea de que estaría sola por un largo tiempo, aburrida del amor, aburrida y cansada, decepcionada de la frase para siempre. Acababa de terminar con Luis, "el amor de su vida" que hacían tres días de haber cumplido los ocho años juntos. Con lagrimas en sus ojos achinados se preguntaba una y otra vez- ¿Por qué?. Luis nunca le dio una excusa, ni motivo, ni alguna insignificante explicación del porque de su fin... Simplemente se acabó.

Por la acera seguía caminando sin frenar en alguna vitrina, pensando en que hacer, en que decir, en que buscar, y sin encontrar solución a su problema. En una esquina frena porque tuvo el presentimiento de que venia alguien del otro lado de la acera, en efecto, era una muchacha, que -con la mirada perdida- sonreía; sus ojos llorosos la delataban totalmente, trataba de ocultar un sentimiento doloroso, pero aún así, con la cara y mirada en alto.

La chica se detuvo al igual que Carla y se miraron fijamente; Carla con una mirada de extrañes, y la chica con una mirada de esperanza, como queriendo demostrarle algo, decirle algo. Continuaron mirándose por unos segundos mas, y sin mas, se separaron, siguiendo cada una el camino que había tomado. Finalmente Carla ya había encontrado un lugar a donde ir, su casa, a contarle a su diario lo que había pasado. Esa noche no durmió, su mente se había quedado completamente en blanco, solo pensaba en el momento de esa tarde, colapsada de preguntas amaneció tomando café y escribiendo versos.

Eran las tres de la tarde y todavía despierta, decide salir a comprar leche para su merienda. Caminando por la acera del día anterior, se recuerda de la chica con una sonrisa picara en el rostro, decide ignorar el pensamiento y continuar. Entra al abastecimiento, y por el área de frutas y verduras, al lado del  estante de fresas se encuentra con la muchacha atormentada, le lanzó una mirada y la retiró enseguida; inmediatamente su corazón empezó a latir muy fuerte, su respiración se aceleraba cada vez mas y su pulso la traicionaba. Buscó la leche, la pagó y se marchó. Cuando va por la acera camino a su casa, acelerando el paso por el efecto de los nervios, se oye una frase a gritos: - ¡ESPERA, ESPERAAA!. Carla se detiene asustada y voltea, de repente sale una sonrisa extraña de su cara y con millones de emociones encima, le pregunta: 


- ¿Es conmigo?.
- ¡Si, es contigo!, quería preguntarte algo.- Le dijo mientras caminaba hacia Carla.
- ¡Dime!.- Tocándola con una mirada que a la otra muchacha le causaría intimidad.
- ¿Eres tú la chica que me encontré ayer en la acera?.
Carla emocionada le contesta sin pensar: -¡Si!, ¿por qué?.
- Se que no es mi problema pero, ¿por qué estabas llorando?.
- Problemas nada más.- Le contestó.
- ¿Qué clase de problemas?, soy psicóloga y posiblemente te pueda ayudar, podemos ir a mi consultorio si quieres.
Carla sorprendida y algo ofendida le responde. -No te estoy pidiendo ayuda, porque no la necesito, además no te conozco.- A Carla no le gustaba que las personas se metieran en sus problemas personales, y mucho menos, desconocidos.
-Bueno está bien, y mi nombre es Luna. Disculpa por ofenderte, no fue mi intención. Hasta luego.

Finaliza la conversación y Carla se va en estado de shock. De manera drástica, empiezan a cruzarse millones de variantes en su mente. -¡Se llama Luna, que hermoso nombre! y ¡que hermosa es ella!, tiene los ojos totalmente negros, pero ¿por qué quería ayudarme?, ¿será que ella pensó en mi como yo pensé en ella?, me habría detallado muy bien, porque en sí yo no estaba llorando de una forma notable, de hecho, no estaba llorando. ¡Que imbécil soy!, hubiese tenido mucho más tiempo para hablar con ella, necesito encontrarla. Ella debe vivir por ahí, porque es la segunda vez que la veo por ese sector.-

Sigue caminando sin parar, llega a casa y se encuentra en la puerta a Luis sonriente:

 -¡Llegaste!, tengo que hablar contigo.
- ¿¡Qué se supone que haces aquí!?.- Dice Carla con ganas de asesinarlo.
- Pues, quería disculparme, y también decirte que me equivoqué. Estos días te he estado pensando y llegué a la conclusión de que te quiero en mi vida de nuevo.
- Eres muy extraño de verdad, ¿¡CÓMO SE SUPONE QUE VOY A VOLVER CONTIGO!?. Soy lenta pero no estúpida. No volveré tropezar con la misma piedra. Así que vete, aquí no eres bienvenido.

Luis con lágrimas en los ojos, sube al ascensor y se marcha; Carla enseguida toma una botella de vino, se deleita con una copa y coloca una de las famosas operas de Mozart "La finta semplice", que significa, "La falsa ingenua", le siguía "Così fan tutte", que quiere decir, "Así hacen todas". Se tira en el mueble, y cae en un llanto profundo, tanto lloró que se quedó dormida. Se despertó a la media noche pensando en el glorioso rostro de Luna, tomó un carboncillo, una hoja y dibujó el rostro de la chica, con la esperanza de volverla a ver algún día. Irónicamente terminó su día dibujando a Luna bajo luz de la luna...